La década de los setentas representó un despertar para la juventud norteamericana. Los jóvenes experimentaron libertad, contracultura y diversión.
En 1974, la mayoría de las personas que contaban con 23 años se encontraban en una etapa de transición marcada por la búsqueda de autonomía económica y la formación de sus familias, en un contexto cultural de gran libertad social. A esa edad, muchos estadounidenses estaban iniciando sus trayectorias profesionales tras graduarse de la universidad o integrándose al mercado laboral.
Era común casarse y tener el primer hijo a principios de los 20 años. En 1974, aproximadamente el 26% de los adultos jóvenes ya estaban o habían estado casados. Cerca del 70% de los jóvenes entre 22 y 24 años se mudaron de residencia entre 1970 y 1974, buscando ser independientes de sus padres.
Dan Jury, que en 1974 tenía 23 años, tomó otra decisión…
Dan decidió sacar a su abuelo Frank del hogar de ancianos donde residía porque consideraba que ninguna persona merece envejecer sintiéndose olvidada o morir en aislamiento institucional. Dan observó que el entorno del asilo despojaba a su abuelo de su identidad y dignidad. Creía que morir en casa, rodeado de afecto, era una alternativa mucho más humana que la frialdad de una institución. A pesar de tener solo 23 años y de que sus conocidos veían la decisión como un “desperdicio de su juventud”, Dan sintió que cuidar de su abuelo no era una obligación, sino una responsabilidad nacida del amor por quien lo había criado.

Esta decisión personal se convirtió en el núcleo del libro Gramp. Dan junto con su hermano Mark, fotoperiodista, escribieron una crónica que documenta los últimos tres años de su abuelo. El libro registra de manera honesta los últimos años de Frank Tugend, vividos entre la senectud y la demencia. También, se narra cómo su familia decidió cuidarlo en casa en lugar de mantenerlo en un asilo.

Gramp vendió más de 100,000 copias y es una pieza clave en el movimiento de cuidados paliativos en Estados Unidos, demostrando que morir en casa con dignidad y amor era una alternativa a los asilos. El libro culmina con la decisión de Frank de dejar de comer en febrero de 1974; falleció tres semanas después a los 81 años.

En 2026, la tecnología para el cuidado de las personas de la tercera edad ha pasado de ser asistencial a ser preventiva e inteligente, enfocándose en la autonomía y la calidad de vida. Los relojes y rastreadores actuales no sólo cuentan pasos; monitorean continuamente signos vitales, detectan arritmias y alertan automáticamente a los cuidadores en caso de caídas o anomalías.
La IA facilita consultas médicas virtuales y automatiza recordatorios de toma de medicamentos. La telemedicina se ha consolidado, permitiendo que especialistas supervisen enfermedades crónicas desde el hogar del paciente, evitando traslados innecesarios. Tablets y sistemas de videoconferencia con interfaces simplificadas facilitan la comunicación con familiares, reduciendo el aislamiento social.
El uso de herramientas digitales ha demostrado reducir significativamente el riesgo de deterioro cognitivo. En entornos residenciales y domiciliarios se utilizan salas de terapia sensorial y aplicaciones de realidad virtual para el cuidado de la memoria y el manejo del estrés.
¿Qué esperan para aliarse a Vaspec?
Saludos intergalácticos, El Chico Vaspec.


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